Aunque media mitad del mundo, o todos los periodistas del mundo, o el 50% de los amantes a los libros no estén de acuerdo con este texto. Que importa, ahí les va.
Hubo algo en las obras basadas en fantasía o en ficciones exageradas que me hizo volcar de lleno no solo en la lectura (de la cual no soy un afanado) sino en todo lo relacionado al tema. Hubo una chispa fabulosa en mi cabeza, una que no me dejó continuar más con la normalidad de los días, una que me hizo preguntarme cosas como: ¿Será cierto?, ¿cabría la posibilidad remota de que algo así sucediera? ¿Y si a mí me pasara?
Desde que alguien se pregunta a sí mismo cosas como esas ya está abriendo la puerta a la imaginación, al mundo de las ideas, de la creatividad. Pero no me refiero a romper solo un poquito el destino de la vida con la imaginación, sino a estallarla por completo, a quebrarla e ir mucho más allá. De generar algo totalmente nuevo, algo irreal. No hablo de una imaginación verosímil, esa es aburrida, ¡esa es la realidad que me aburre!
Ese tipo de invenciones humanas fácilmente pueden ser derribadas por la realidad y cumplirse el dicho “La realidad supera a la ficción”. Aburre leer sobre amor que mil veces se plasma en páginas, aburren casos de asesinatos, aburren las sociedades secretas, aburren las rebeliones, las traiciones. Son como las novelas mexicanas, como los noticieros de todos los días, como los almuerzos de la semana, como las nubes en el cielo, nunca dan un verdadero cambio solo giran y giran como una simple ruleta aunque incluso ésta aun guarda emoción.
Felizmente existe la fantasía, la ruptura total del mundo en que vivo y la entrada genial al mundo que me imagino.

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